Quienes somos apasionados bolivarianos no toleramos inexactitudes alrededor de la figura histórica de Bolívar. Por ello, si bien es cierto que amamos nuestra América mestiza y mulata, no podemos dejar de expresar nuestro desconcierto por la tergiversación racial a que se somete al Libertador con frecuencia. Esta vez, en una serie televisada de origen venezolano, en la cual Bolívar da la impresión de ser hijo de ¨cuarterón¨ (mulato y mestiza) y de ¨loba¨ (negro e india).
Culpable de la anterior confusión ha sido entre otros, el eminente profesor y caracterizado santanderista Luis López de Mesa, quien a partir de una pretendida mascarilla mortuoria del Libertador, le imputó la dolicocefalia negroide. Boulton ya demostró que ésta carecía de autenticidad histórica y apoyo técnico: ¨Es algo muy distinto … es una escultura modernísima, coloreada para remate, de marcada influencia Tenerani y moldeada en forma de mascarilla en 1.930 por don Alfredo Badenes¨.
Circula además una descripción insolente de Bolívar, cuya autoría se adjudicó al General Páez por parte de don Santiago Martínez Delgado, sin que comprobase éste la veracidad de la misma. El rigor científico exige dar prelación a las memorias autobiográficas del mismo General Páez: ¨Bolívar era de estatura que sin ser procesora, era no obstante, suficientemente elevada para que no la desdeñase el escultor … la tez tostada por el sol, conservaba la limpidez y el lustre¨.
Los retratos del Libertador de Ducoudray Holstein y de Hippisley son automáticamente descartables. Marx se basó en ellos para escribir su lamentable panfleto contra el Libertador y, hoy en día, ni siquiera los historiadores soviéticos avalan los relatos de estos dos desertores del ejército patriota. Igualmente pueden botarse a la basura las descripciones de Rafael Sañudo y Rafael Villamizar, por haber sido escritas con morboso sectarismo santanderista. Ellos y el español Madariaga, inventaron el cuento de la tatarabuela negra de Bolívar, que entre otras cosas, fue enterrada en el cementerio para ¨blancos¨ de la época en Caracas.
Si bien es cierto que D.F. O´Leary hablaba de la piel morena y áspera de Bolívar, también es cierto que a continuación anotaba: ¨Pobladas y bien formadas las cejas, la nariz larga y perfecta, los dientes blancos, uniformes y bellísimos … las patillas y bigotes rubios se los afeitó por primera vez en 1.825 … las manos y los pies que una mujer habría envidiado¨.
Pero para terminar tomemos a observadores neutrales. Alfonso Moyer indica que ¨la tez y la fisonomía son españoles¨. Y Hiram Paulding quien lo conoció en 1.824 en Huaras, Perú, consignó en sus recuerdos: ¨Era bien parecido, tanto de semblante como de persona. No era ni pequeño, ni alto. Sus ojos tenían una expresión que creo que no puede pintarse ni con el pincel ni con la pluma. El color de ellos era castaño oscuro¨.
Era pues Bolívar un héroe apuesto, como lo sueñan nuestras colegialas; y la falsa leyenda del ¨nudo negro de las Marín¨ carece de confirmación en las fuentes históricas. Advierto por último, que no creo en razas superiores, pero en cuestiones de ¨verdad histórica¨, pienso que debemos ser inflexibles.
Nihilio / 85

Bolívar. Oleo por Rita Matilde de la Peñuela. Siglo XIX.