MANSON – CALLEY

Charles Manson y tres mujercitas de su familia morirán con los pulmones reventados por la cámara de gas. Así lo ha decidido la justicia americana. Esa célebre justicia que nunca ha dejado un crimen impune. Aún cuando a veces haya necesidad de inventar al criminal. Como ya  sucedió en el caso del hijo de Lindbergh y de los esposos Rosenberg.

Y todos los ciudadanos de USA aplauden la futura ejecución. Al fin y al cabo, los Manson mataron a una bella actriz de Hollywood. Y también volvieron picadillo a Sebring, el mejor peluquero para hombres de Hollywood. ¿Y ahora quién peinará a Rock Hudson y a Elvis Presley?  Y apuñalearon a una famosa heredera. Y se robaron una paca de marihuana. Cuelguen, electrocuten y asfixien a Charles, Susan, Patrice y Leslie, grita toda norteamérica enfurecida. Hay que acabar con esta nueva plaga de mechudos anarquistas que no se sabe de dónde salió.

En época paralela a la del rito anterior, el teniente gringo William L. Calley penetró a la aldea vietnamita de Mylai al mando de una patrulla. Sacó de sus chozas a ciento dos civiles y los reventó a plomo. Hombres, mujeres y niños. Pelinegros, amarillos y bajitos. Fue condenado a prisión perpetua. Era necesario mantener una buena imagen del US Army. El secreto de la matanza se escapó de las manos del Pentágono. Y la justicia gringa no cojea.

Hubo indignación general en los Estados Unidos por la terrible sanción. Guerra es guerra. A la Casa Blanca llegaron millones de telegramas protestando por la dureza de la pena impuesta. Nixon accedió a que el joven Calley no fuera a la cárcel, le dio por prisión un club de oficiales y le autorizó para tomar el desayuno en la cama cuando así lo deseara. Y  va a considerar una amnistía para William, el muchacho patriota, el representante de la mayoría silenciosa, el defensor de la democracia en Asia, el nervioso de guerra.

Pero viéndolo bien, ni Manson, ni Calley son tan culpables. El uno es sicópata de guerra y el otro es sicópata del ¨time is money¨. Son dos esquizofrénicos, dignos hijos de USA. El establecimiento les trastocó el cerebro. A William con una absurda guerra imperialista y a los Manson con su enloquecedora economía de ¨business are business¨.

Y no deben ajusticiar a la familia de melenudos, ni encerrar a trabajos forzados al militar. Tan solo deben asegurarlos en una clínica de reposo. Al tío Sam le sobra presupuesto. La actual anarquía juvenil en Estados Unidos, es en esencia, un descocado intento de libertad. Pero la burguesía sigue mandando y juzgando. Los gringos colocaron en sus dólares y monedas el postulado ¨In God we trust¨. De tan ilustres mercaderes cualquier cosa se puede esperar: gases letales para Manson y estatuas para Calley.

Nadargo / 71.

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