VUELVEN LAS MUJERES

Históricamente primero mandaron las mujeres. La alegre promiscuidad sexual de las comunidades primiti­vas permitía saber quién era la madre, pero nunca quién había sido el padre. Por ello, el respeto y el acatamiento de los hijos era para las féminas (Bachofen). Además, en sus manos estaba la eco­nomía permanente de subsistencia: recolección y conservación del fuego. El hombre dedicado a la caza a veces no tenía éxito, pero a los cazadores vagos, las mujeres tan solo les cerraban, temporalmente, las puertas de las casas comunales y las piernas. Todo parece indicar que la época del matriarcado se redujo a una dulce tiranía.

 

Poco más tarde aparecie­ron la agricultura y la ganadería y empezaron las desgracias de las damas. Carecían de la fuerza suficiente para maniobrar un arado o derri­bar un caballo. Vino el plusproducto y después la propiedad privada (Engels), y ahí sí, pobres mujeres!. Los hombres necesitaron estar seguros de que los herederos de sus esfuerzos no fueran los hijos de sus mejores ami­gos. Y entonces inventaron para ellas la virginidad, la castidad, la monogamia, la fidelidad y el enclaustramiento.

 

Los anteriores cambios bien pronto fueron fijados en la ideología de consumo y hasta recibieron sanción divina. Al respecto el relato bí­blico es bastante conocido: ¨Parirás con dolor tus hijos y buscarás con ardor a tu marido que te dominará¨.  Después empeoró la situación. Tertuliano las definió como ¨Templum aedificatum super cloacam¨ y Santo Tomás escribió que ¨en ella encar­nan las tentaciones de la tierra, el sexo y el demonio¨. San Agustín, horrorizado, señaló la coexistencia de sus órganos sexuales y excreto­rios: ¨Inter foeces et urinarium nascimur¨. Para el siglo XIII ya estaba todo per­dido. Les habían colocado el incómodo cinturón de castidad de hierro reforzado, cue­ro de elefante y tres candados­.

 

Peor les fue en otras civilizaciones. El código hindú de Manú, decretó que ¨la mujer es peor que el corte de una navaja, el veneno y las serpientes, todo reunido¨. Buda sentenció que ¨la mujer es la personificación del mal¨. Pero las palmas en la historia machista de la infa­mia pertenecen, sin lugar o dudas, a los musulmanes. Que el Ayatollah Komeini exija hoy en día certificado de virginidad a las iraníes para ocupar cargos públicos y que sigan lapidando a las adúlteras es lo de menos. Lo gr­ve fue el invento de la circuncisión femenina o clitori­dectomía. El Masry relata con brutalidad:  ¨una  vulgar navaja de barbero … bastará una simple presión para mutilar… un poco de café molido en la herida¨. Así se aplacaría el furor sexual de las mujeres.

 

Pero todo cambia. Con la aparición de las máquinas modernas la fuerza muscular dejó de ser importante en la producción. Los hombres se dedicaron a matarse en las grandes guerras y las muje­res fueron reintegradas a la economía. Luego se tomaron por asalto las universidades (por ejemplo, en la UIS son hoy en día 3.400 hombres y 2.600 mujeres). Más tarde la famosa píldora les concedió la liberación sexual. Y a través del cine y la TV, aumentaron su preeminencia, gracias a que el capitalismo moderno es incapaz de vender una aguja sino es a través de senos y caderas.

 

Añádase a lo anterior, que durante su largo sometimiento y con fines de supervivencia, aprendieron a manejar las lágrimas de cocodrilo, las ¨cosas pequeñas¨, que son las más importantes, la sonrisa coqueta y el arte de dividir. Es un hecho que el segundo matriarcado se acerca con su segura secuela de vindicta.

 

En Colombia, las hijas de Eva andan detrás de los ministerios y las corporaciones financieras: la política y el dinero!  Ojalá no se les ocurra aspirar a la presidencia. Dios se apiade de nosotros!  Al revés de lo que afirmaba Marx, en este caso la historia primero fue comedia, y la segunda vez será tragedia. Y los hombres terminarán trepándose a los árboles y metiéndose en las grietas de la tierra. Lo dice la Biblia!

Nihilio / 86

Mantis

Mantis. Collage de Gustavo Gómez Mejía. 2000.

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