UN DOMINGO CUALQUIERA POR LA TARDE

Desde niño he sentido odio por las tardes de todos los domingos. Después del mediodía el cielo se convierte en gris, las hojas de los árboles se paralizan y todos los perros se acuestan a dormir en los andenes. Por las calles vacías deambulan soldados y sirvientas sin programa. La televisión es la peor de toda la semana. Se ronca pesadamente hasta las cuatro de la tarde cuando a un enemigo se le ocurre visitarnos. Más tarde se compra una comida ligera que no sabe a nada. A las diez de la noche desaparece la luz y todos se acuestan como con­denados a muerte.

 

Cuando crecí y tuve que estudiar sicología con Camilo y Carlos Luis, descubrí que las anteriores sensaciones correspondían al llamado ¨síndrome del domingo por la tarde¨ y que era produ­cido por la angustia consciente, o inconsciente,  de tener que ir a trabajar el día lunes. Supe también que afecta­ba por igual a paisas diligentes, boyacenses apáticos y costeños de caminar lento; que el día preferido por los suicidas era el domingo por la tarde; y que los amantes hacían al amor el domingo por la mañana, pero nunca por la tarde.

 

Hoy es domingo por la tarde y el síndrome me acosa. Menos mal, cuento con dos clásicos de la  literatura española, sonetos de impecable rima yucateca, condena­dos en su tiempo enérgicamente por Taylor, Ford y Rockefeller.

 

Al Lunes: El lunes es un día feo,

es el día más largo y más pesado,

es el más estrecho y el más desfigurado

y el más inútil de los días creo.

Es un día sin Dios y sin recreo,

un paranada tonto y desgraciado,

yo cuando veo un lunes a mi lado

lo maldigo, lo insulto y lo pateo.

Si el día más simple y ordinario

es el lunes,

yo te pido moroso calendario

que lo tires al mar y a los atunes,

si es burgués infecto, nulo y bajo,

y es en fin el heraldo del trabajo,

hazme hoy mismo otro sábado del lunes!

(Ciro Mendía)

 

Al Viernes: Si cáustico anatema sarcástico Mendía,

lanzaste contra el lunes por pérfido y  malvado,

yo en cambio preconizo con férvida ufanía

que del augusto viernes me siento enamorado.

No importa que el trabajo me aplaste en este día,

que el jefe se sulfure,

que un man malhumorado

me espete en los oídos alguna grosería,

o alguna secretaria me mire con enfado,

no importa que la terca rutina me acribille

que el cielo azul esplenda, o el sol no fulja y brille,

o ruja en las alturas la bronca tempestad,

pues tú, glorioso viernes, en mi existencia vana,

permites después de cruel semana

gritar a cuatro vientos: hoy tengo libertad!

(Anónimo)

 

Con un abrazo para el Dr. Emiliani Román.

Nihilio / 87

CONVOCATORIA A LA MUERTE

(De Adriano para Marguerite Yourcenar)

 

Ven a la muerte,

Marguerite,

con los ojos abiertos.

 

A reunirte conmigo,

instrumento de músculos, sangre y

epidermis,

una nube roja cuyo relámpago es el

alma.

 

Ven Marguerite

ánimula vágula blándula,

várius múltiplex multiformis.

 

Hace un mes sólo te diferencias de los

muertos

en que te está dado asfixiarte un poco

más.

 

No temas,

la muerte está hecha de la misma

materia

fugitiva y confusa

que la vida.

Es torbellino de fuerzas,

danza de átomos

donde todo está arriba y abajo a la vez,

en la periferia y en el centro.

 

Recuerda que,

cada hombre está eternamente

obligado,

a elegir entre la esperanza infatigable

y la prudente falta de esperanza.

Escoge,

la muerte es horrorosa pero también lo

es la vida.

 

Deja ya de sentirte responsable de la

belleza del mundo,

el catador de belleza termina por

encontrarla

en todas partes.

 

Ven a hablar de nosotros en pasado

a dar audiencia a los recuerdos

a mirarnos por fin con una mirada

inteligente.

 

Baja del caballo de la vida

a cuyos movimientos nos plegamos

sólo después de haberlo adiestrado.

 

El hueso del puño es menos libre que el

cerebro!

 

Sepárate de ese bello extranjero que

sigue

siendo,

a pesar de todo,

cada ser que amamos.

 

La muerte,

esa ruptura perpetua de los hábitos,

ese fin de la perpetua posibilidad del

suicidio,

para soportar con menos impaciencia la

vida.

 

Ese momento de la vida

en que la danza se convierte en vértigo,

en que el canto culmina en grito,

y el mundo vuelve a empezar

indefinidamente.

 

Sólo los exilios son fecundos.

 

Ven

ánimula vágula blándula,

várius múltiplex multiformis.

 

Ya colaboraste con la tierra,

imprimiste una marca humana en el

paisaje

que se modifica para siempre.

 

Mínima alma mía, tierna y flotante,

huésped y compañera de mi cuerpo,

descenderás a estos parajes pálidos,

rígidos y desnudos,

donde habrás de renunciar a los juegos

de antaño.

 

Todavía un instante mira las riberas

familiares,

los objetos que sin duda no volverás a

ver,

trata de entrar en la muerte con los ojos

abiertos.

 

Marguerite, en tu eternidad!

 

(Dictado por el Divino Adriano Augusto a Armando Gómez Ortiz. Diciembre de 1987)

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