CUÁL RAZA?

El conocido helenista y tortugólogo Andrés Holguín, en su leída columna ¨Temas inesperados¨ de El Tiempo, se pregunta angustiado y confuso que cuál raza debemos celebrar el 12 de Octubre? En realidad, el problema es complejo, pero trataré de colaborar con un grano de arena científico a la solución de nuestro enigma racial.

 

Cuando los latinoamericanos somos bajitos, de espaldas anchas, piel cobriza amarillenta, pelo lacio, negro y fuerte como cerdas de caballo, cara casi plana, pómulos altos y separados, ojos pequeños y rasgados, lampiños, discretos y silenciosos, ello se debe  a antepasados nuestros que hace más de diez mil años cruzaron a pie el helado estrecho de Behring, y que pertenecían a la raza amarilla o mongoloide. Todavía pueden verse en estado casi puro en los buses de Bogotá, las calles de Tunja y las iglesias de Pasto. Y para que no queden dudas al respecto, muchas veces nacemos con una mancha grisácea o azulosa en el vértice de las caderas, la cual en Boyacá se llama ¨parche¨, y en lenguaje etnográfico ¨mancha mongólica¨. Es inútil que nuestras madres sigan tratando de borrarlas con piedra pómex.

 

En los casos en que salimos de cabellos claros o negros ondulados, de ojos redondos y brillantes, de mentón firme y nariz fina, velludos, canosos, chiquitos, pretensiosos y dados al piropo, lo anterior se explica por la llegada masiva de españoles pertenecientes a la raza blanca o caucásica. A partir del siglo XVI, violaron sistemáticamente a las indígenas, previo bautizo un minuto antes, con el fin de no contactarse con ¨herejes¨.  En estado casi puro los encontramos a veces en el viejo Caldas, en las regiones donde salen hormigas culonas, en el club Cartagena de la Ciudad Heroica y cargando pasos en Popayán.

 

Por petición del Padre de las Casas, importaron a continuación esclavos africanos pertenecientes  a la raza negroide, quienes nos legaron mejor estatura, piel sobrecargada de melanina, cabellos en espiral tipo grano de pimienta, las fosas nasales amplias, el labio bembón, las cabezas más largas que anchas, el sentido del ritmo, la alegre despreocupación, y el mal gusto en los colores del vestido. Aportaron además las negras la ¨esteatopigia¨ o excesivo saliente posterior de la región glútea, que tantos estragos sexuales ha causado en América. Dominan en las costas, riberas de los grandes ríos, y en los escenarios deportivos.

 

Posteriormente, y por efecto de la lascivia propia de los climas cálidos (Montesquieu), se armó la fiesta de las hibridaciones: nacieron mestizos, mulatos, zambos, lobos, cambujos, calpamulatos, barzinos, cuarterones, quinterones, requinterones, salta-atrás y tente-en-el-aire, etc. Por si fuera poco, a última hora nos llegó una ola migratoria de ¨majitos¨ expulsados por la desintegración del antiguo imperio turco, y quienes pronto demostraron que no le temen al mestizaje racial. Contribuyen con los ojos y las pestañas de ensueño, la nariz doblada, el gusto por las ventas de chucherías y la política clientelista.

 

Esta es, don Andrés, la multiraza que debemos celebrar. Puede que no sea del gusto de Gobineau o de Hitler, pero hemos gozado mucho estructurándola y nos proponemos no ahorrar esfuerzos en el camino que nos queda con la ayuda divina de Eros.

Nihilio / 85

 

PD: En viaje reciente a Moscú, me enteré de que mi profesor de Etnografía, P.I. Puchkov, reputado sabio, se había jubilado y que cuadraba sus ingresos haciendo árboles raciales. Cumpliendo sus exigencias fui a la consulta con una muestra de mi sangre y una lista de 30 apellidos de mis antecesores.  En traje adánico fui observado y palpado durante una hora. Quince días después fuí por los resultados. Se detectaron las siguientes etnias: íberos,  cartagineses, visigodos, vándalos (cómo así? De Vandalucía, España. Hoy Andalucía. ¿Volado de clase, Armando?), castellanos, aragoneses, árabes, moros, judíos sefarditas, papuas, esquimales siberianos, guanes, chitareros y yariguíes.  Extrañamente, encontró también huellas de pielroja y escocés. Qué raro!.