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LA PINTA DE BOLIVAR
Una distinguida señora, al tanto de mi interés por los temas bolivarianos, me llamó a las once de la noche para preguntarme si Bolívar eran tan feo y tan negrito como aparece en la nueva serie de televisión que nos ocupa por estos días. Traté de explicarle que la ciencia histórica moderna se preocupaba por cuestiones de mayor envergadura, pero todo fue inútil. Y a altas horas de la noche tuve que revolcar mi biblioteca.
¨El rizado de los cabellos, la boca un tanto, y el matiz trigueño del rostro denuncian en él ese otro antecesor mulato y más aún, su dolicocefalia peculiar, que en la mascarilla que le tomaron al morir se define prominentemente negroide¨ (Luis López de Mesa). Efectivamente, la mascarilla de Bolívar da un ángulo facial mayor de setenta y nueve grados, cuando en un blanco no pasa de setenta y tres a setenta y cinco grados.
Según Gil Fortoul, la bisabuela del Libertador aportó a la familia Bolívar las minas de Cocorote, la señoría de Aroa, y la sangre parda. José Rafael Sañudo explica el mulataje: ¨Don Francisco Martín de Narváez, ascendiente de Bolívar, por ser su tercer abuelo paterno, tuvo relaciones ilícitas con una negra de su servicio llamada Josefa, de que nació María Josefa Marín de Narvaéz … Añádase que esta María Josefa casó con Pedro de Ponte, y su hija Petronila de Ponte con Juan de Bolívar, abuelo de Bolívar¨.
El General Páez, aún antes de sus conflictos con el Libertador, lo describía como ¨Bajo de cuerpo, un metro con sesenta y siete centímetros, hombros anchos, piernas y brazos delgados. Rostro feo, largo y moreno … el labio inferior protuberante y desdeñoso. Larga la nariz que cuelga de una frente larga y angosta, casi sin formar ángulo … alertas las grandes orejas … el General es decididamente feo y detesta a los españoles¨.
Es obvio, que del retrato de Ducoudray Holstein se puede dudar por su patológica animadversión hacia Bolívar, pero de todos modos su descripción del Libertador, confirma la apreciación predominante: ¨Su estatura es de cinco pies cuatro pulgadas, largo el rostro, chupadas las mejillas, la tez de un moreno lívido¨. De quien si no se puede dudar, por su afecto a Bolívar, es de su edecán Daniel Florencio O´Leary: ¨Los pómulos salientes, las mejillas hundidas, la boca fea y los labios algo gruesos. La distancia de la nariz a la boca era notable … la piel algo morena y áspera¨.
Fatigado, a la una de la mañana, comuniqué a la distinguida señora que Bolívar se parecía a la mayoría de los americanos; que en la iconografía conservadora bolivarista lo habían convertido en un vikingo de pelo rubio y ojos azules; que a su vez los liberales santanderistas lo dibujaban como un negro retinto azulado; y que a pesar de todo era la figura más importante de la historia moderna de hispanoamérica y que yo ya tenía sueño.
Nihilio / 85

Bolivar en 1829. Revista ¨Vida¨. Bogotá, N° 19, 1948.
LA FIGURA DEL LIBERTADOR
Quienes somos apasionados bolivarianos no toleramos inexactitudes alrededor de la figura histórica de Bolívar. Por ello, si bien es cierto que amamos nuestra América mestiza y mulata, no podemos dejar de expresar nuestro desconcierto por la tergiversación racial a que se somete al Libertador con frecuencia. Esta vez, en una serie televisada de origen venezolano, en la cual Bolívar da la impresión de ser hijo de ¨cuarterón¨ (mulato y mestiza) y de ¨loba¨ (negro e india).
Culpable de la anterior confusión ha sido entre otros, el eminente profesor y caracterizado santanderista Luis López de Mesa, quien a partir de una pretendida mascarilla mortuoria del Libertador, le imputó la dolicocefalia negroide. Boulton ya demostró que ésta carecía de autenticidad histórica y apoyo técnico: ¨Es algo muy distinto … es una escultura modernísima, coloreada para remate, de marcada influencia Tenerani y moldeada en forma de mascarilla en 1.930 por don Alfredo Badenes¨.
Circula además una descripción insolente de Bolívar, cuya autoría se adjudicó al General Páez por parte de don Santiago Martínez Delgado, sin que comprobase éste la veracidad de la misma. El rigor científico exige dar prelación a las memorias autobiográficas del mismo General Páez: ¨Bolívar era de estatura que sin ser procesora, era no obstante, suficientemente elevada para que no la desdeñase el escultor … la tez tostada por el sol, conservaba la limpidez y el lustre¨.
Los retratos del Libertador de Ducoudray Holstein y de Hippisley son automáticamente descartables. Marx se basó en ellos para escribir su lamentable panfleto contra el Libertador y, hoy en día, ni siquiera los historiadores soviéticos avalan los relatos de estos dos desertores del ejército patriota. Igualmente pueden botarse a la basura las descripciones de Rafael Sañudo y Rafael Villamizar, por haber sido escritas con morboso sectarismo santanderista. Ellos y el español Madariaga, inventaron el cuento de la tatarabuela negra de Bolívar, que entre otras cosas, fue enterrada en el cementerio para ¨blancos¨ de la época en Caracas.
Si bien es cierto que D.F. O´Leary hablaba de la piel morena y áspera de Bolívar, también es cierto que a continuación anotaba: ¨Pobladas y bien formadas las cejas, la nariz larga y perfecta, los dientes blancos, uniformes y bellísimos … las patillas y bigotes rubios se los afeitó por primera vez en 1.825 … las manos y los pies que una mujer habría envidiado¨.
Pero para terminar tomemos a observadores neutrales. Alfonso Moyer indica que ¨la tez y la fisonomía son españoles¨. Y Hiram Paulding quien lo conoció en 1.824 en Huaras, Perú, consignó en sus recuerdos: ¨Era bien parecido, tanto de semblante como de persona. No era ni pequeño, ni alto. Sus ojos tenían una expresión que creo que no puede pintarse ni con el pincel ni con la pluma. El color de ellos era castaño oscuro¨.
Era pues Bolívar un héroe apuesto, como lo sueñan nuestras colegialas; y la falsa leyenda del ¨nudo negro de las Marín¨ carece de confirmación en las fuentes históricas. Advierto por último, que no creo en razas superiores, pero en cuestiones de ¨verdad histórica¨, pienso que debemos ser inflexibles.
Nihilio / 85

Bolívar. Oleo por Rita Matilde de la Peñuela. Siglo XIX.
DON CRISTÓBAL COLÓN
Acaba de terminar la serie televisada sobre la vida del Almirante que mantuvo en vilo a la nación colombiana durante los últimos meses. Como era de esperar de los productores italianos, en el libreto el ilustre genovés Christofforus Colombo era el bueno y Martín Alonso Pinzón, español, era el malo. En exceso de nacionalismo se olvidaron de que Cristobo Colons Fontorosa tenía nariz judía, de que era pelirrojo y picado de viruelas y lo convirtieron en un churro romano, que hizo pecar mentalmente a nuestras esposas y hermanas. Y hasta a las abuelas.
Quienes tenemos papá rico podemos dedicarnos a vagabunderías científicas que se estilan hoy en día. Así como en ¨El Capital¨ de Marx se encuentra solo siete veces la palabra ¨alienación¨, en los Diarios y Relaciones de viaje de Colón, la palabra ¨oro¨ se repite mil trescientas veintiséis veces. El navegante soñador creía que ¨el oro es excelentísimo, del oro se hace tesoro, y con él quien lo tiene hace cuanto quiere en el mundo. Llega a que envía las ánimas al Paraíso¨.
Los chismes sobre los grandes hombres son deliciosos. En la serie, a pesar de que se transmitía en horario nocturno, solo se insinuó el borrascoso romance del Almirante y la Reina Católica. Alejo Carpentier, en su bien documentado estudio ¨El arpa y la sombra¨, cuenta las peleas de celos en que Isabel trataba a Cristóbal de ¨marrano¨ (judío converso), y el marino le contestaba (aludiendo a su pequeña cirugía hebrea) que ella tenía porque saberlo ¨mejor que nadie¨. Mientras tanto Fernando combatía con los moros.
Yo empecé o creer en la respetabilidad de la Santa Iglesia desde el momento en que conocí que Pío IX, con todo y su poder, no fue capaz de llevar a Colón al Santoral. La Sacra Congregación de Ritos se negó a beatificarlo por serias razones. Primero, por adjudicar a una de sus queridas los diez mil maravedíes prometidos por la Corona a quien primero avistase tierra; el damnificado Rodrigo de Triana, hubo de contentarse con un jubón de seda. Segundo, por haber llevado a España varios indios a quienes vendió sin autorización real en la Plaza de Sevilla. Los teólogos de la corte ya habían descubierto que ¨tenían alma¨ y Colón tuvo que devolver el dinero. Tercero: por vivir en público amancebamiento con una tal Beatriz y haber en ella bastardos. Y por último, por impúdico, al haber escrito en sus Relaciones del Tercer Viaje que el mundo tenía forma de ¨teta de mujer … con pezón¨.
El proceso de beatificación se entrabó también por la pérdida de sus huesos. Era necesario localizarlos, para así establecer el sitio de su muerte y poder pedir un certificado de buena conducta al Obispo de la jurisdicción, conforme lo exigía el derecho canónigo. Pero en fin de cuentas no se pudo saber si estaban en Valladolid, Santo Domingo o La Habana. Y hasta hoy en día no se sabe.
El domingo 19 de Octubre de 1492, el audaz navegante escribió en su Diario: ¨Creen que somos venidos del cielo¨. Años más tarde los descendientes de los indios aprendimos a leer y ya no comemos cuento.
Nihilio / 85

Cristóbal Colón. Por: Sebastián del Piombo
VUELVEN LAS MUJERES
Históricamente primero mandaron las mujeres. La alegre promiscuidad sexual de las comunidades primitivas permitía saber quién era la madre, pero nunca quién había sido el padre. Por ello, el respeto y el acatamiento de los hijos era para las féminas (Bachofen). Además, en sus manos estaba la economía permanente de subsistencia: recolección y conservación del fuego. El hombre dedicado a la caza a veces no tenía éxito, pero a los cazadores vagos, las mujeres tan solo les cerraban, temporalmente, las puertas de las casas comunales y las piernas. Todo parece indicar que la época del matriarcado se redujo a una dulce tiranía.
Poco más tarde aparecieron la agricultura y la ganadería y empezaron las desgracias de las damas. Carecían de la fuerza suficiente para maniobrar un arado o derribar un caballo. Vino el plusproducto y después la propiedad privada (Engels), y ahí sí, pobres mujeres!. Los hombres necesitaron estar seguros de que los herederos de sus esfuerzos no fueran los hijos de sus mejores amigos. Y entonces inventaron para ellas la virginidad, la castidad, la monogamia, la fidelidad y el enclaustramiento.
Los anteriores cambios bien pronto fueron fijados en la ideología de consumo y hasta recibieron sanción divina. Al respecto el relato bíblico es bastante conocido: ¨Parirás con dolor tus hijos y buscarás con ardor a tu marido que te dominará¨. Después empeoró la situación. Tertuliano las definió como ¨Templum aedificatum super cloacam¨ y Santo Tomás escribió que ¨en ella encarnan las tentaciones de la tierra, el sexo y el demonio¨. San Agustín, horrorizado, señaló la coexistencia de sus órganos sexuales y excretorios: ¨Inter foeces et urinarium nascimur¨. Para el siglo XIII ya estaba todo perdido. Les habían colocado el incómodo cinturón de castidad de hierro reforzado, cuero de elefante y tres candados.
Peor les fue en otras civilizaciones. El código hindú de Manú, decretó que ¨la mujer es peor que el corte de una navaja, el veneno y las serpientes, todo reunido¨. Buda sentenció que ¨la mujer es la personificación del mal¨. Pero las palmas en la historia machista de la infamia pertenecen, sin lugar o dudas, a los musulmanes. Que el Ayatollah Komeini exija hoy en día certificado de virginidad a las iraníes para ocupar cargos públicos y que sigan lapidando a las adúlteras es lo de menos. Lo grve fue el invento de la circuncisión femenina o clitoridectomía. El Masry relata con brutalidad: ¨una vulgar navaja de barbero … bastará una simple presión para mutilar… un poco de café molido en la herida¨. Así se aplacaría el furor sexual de las mujeres.
Pero todo cambia. Con la aparición de las máquinas modernas la fuerza muscular dejó de ser importante en la producción. Los hombres se dedicaron a matarse en las grandes guerras y las mujeres fueron reintegradas a la economía. Luego se tomaron por asalto las universidades (por ejemplo, en la UIS son hoy en día 3.400 hombres y 2.600 mujeres). Más tarde la famosa píldora les concedió la liberación sexual. Y a través del cine y la TV, aumentaron su preeminencia, gracias a que el capitalismo moderno es incapaz de vender una aguja sino es a través de senos y caderas.
Añádase a lo anterior, que durante su largo sometimiento y con fines de supervivencia, aprendieron a manejar las lágrimas de cocodrilo, las ¨cosas pequeñas¨, que son las más importantes, la sonrisa coqueta y el arte de dividir. Es un hecho que el segundo matriarcado se acerca con su segura secuela de vindicta.
En Colombia, las hijas de Eva andan detrás de los ministerios y las corporaciones financieras: la política y el dinero! Ojalá no se les ocurra aspirar a la presidencia. Dios se apiade de nosotros! Al revés de lo que afirmaba Marx, en este caso la historia primero fue comedia, y la segunda vez será tragedia. Y los hombres terminarán trepándose a los árboles y metiéndose en las grietas de la tierra. Lo dice la Biblia!
Nihilio / 86

Mantis. Collage de Gustavo Gómez Mejía. 2000.
CUÁL RAZA?
El conocido helenista y tortugólogo Andrés Holguín, en su leída columna ¨Temas inesperados¨ de El Tiempo, se pregunta angustiado y confuso que cuál raza debemos celebrar el 12 de Octubre? En realidad, el problema es complejo, pero trataré de colaborar con un grano de arena científico a la solución de nuestro enigma racial.
Cuando los latinoamericanos somos bajitos, de espaldas anchas, piel cobriza amarillenta, pelo lacio, negro y fuerte como cerdas de caballo, cara casi plana, pómulos altos y separados, ojos pequeños y rasgados, lampiños, discretos y silenciosos, ello se debe a antepasados nuestros que hace más de diez mil años cruzaron a pie el helado estrecho de Behring, y que pertenecían a la raza amarilla o mongoloide. Todavía pueden verse en estado casi puro en los buses de Bogotá, las calles de Tunja y las iglesias de Pasto. Y para que no queden dudas al respecto, muchas veces nacemos con una mancha grisácea o azulosa en el vértice de las caderas, la cual en Boyacá se llama ¨parche¨, y en lenguaje etnográfico ¨mancha mongólica¨. Es inútil que nuestras madres sigan tratando de borrarlas con piedra pómex.
En los casos en que salimos de cabellos claros o negros ondulados, de ojos redondos y brillantes, de mentón firme y nariz fina, velludos, canosos, chiquitos, pretensiosos y dados al piropo, lo anterior se explica por la llegada masiva de españoles pertenecientes a la raza blanca o caucásica. A partir del siglo XVI, violaron sistemáticamente a las indígenas, previo bautizo un minuto antes, con el fin de no contactarse con ¨herejes¨. En estado casi puro los encontramos a veces en el viejo Caldas, en las regiones donde salen hormigas culonas, en el club Cartagena de la Ciudad Heroica y cargando pasos en Popayán.
Por petición del Padre de las Casas, importaron a continuación esclavos africanos pertenecientes a la raza negroide, quienes nos legaron mejor estatura, piel sobrecargada de melanina, cabellos en espiral tipo grano de pimienta, las fosas nasales amplias, el labio bembón, las cabezas más largas que anchas, el sentido del ritmo, la alegre despreocupación, y el mal gusto en los colores del vestido. Aportaron además las negras la ¨esteatopigia¨ o excesivo saliente posterior de la región glútea, que tantos estragos sexuales ha causado en América. Dominan en las costas, riberas de los grandes ríos, y en los escenarios deportivos.
Posteriormente, y por efecto de la lascivia propia de los climas cálidos (Montesquieu), se armó la fiesta de las hibridaciones: nacieron mestizos, mulatos, zambos, lobos, cambujos, calpamulatos, barzinos, cuarterones, quinterones, requinterones, salta-atrás y tente-en-el-aire, etc. Por si fuera poco, a última hora nos llegó una ola migratoria de ¨majitos¨ expulsados por la desintegración del antiguo imperio turco, y quienes pronto demostraron que no le temen al mestizaje racial. Contribuyen con los ojos y las pestañas de ensueño, la nariz doblada, el gusto por las ventas de chucherías y la política clientelista.
Esta es, don Andrés, la multiraza que debemos celebrar. Puede que no sea del gusto de Gobineau o de Hitler, pero hemos gozado mucho estructurándola y nos proponemos no ahorrar esfuerzos en el camino que nos queda con la ayuda divina de Eros.
Nihilio / 85
PD: En viaje reciente a Moscú, me enteré de que mi profesor de Etnografía, P.I. Puchkov, reputado sabio, se había jubilado y que cuadraba sus ingresos haciendo árboles raciales. Cumpliendo sus exigencias fui a la consulta con una muestra de mi sangre y una lista de 30 apellidos de mis antecesores. En traje adánico fui observado y palpado durante una hora. Quince días después fuí por los resultados. Se detectaron las siguientes etnias: íberos, cartagineses, visigodos, vándalos (cómo así? De Vandalucía, España. Hoy Andalucía. ¿Volado de clase, Armando?), castellanos, aragoneses, árabes, moros, judíos sefarditas, papuas, esquimales siberianos, guanes, chitareros y yariguíes. Extrañamente, encontró también huellas de pielroja y escocés. Qué raro!.
LA HISTORIA: ESPEJO DE NUESTROS DÍAS


* En: ¨DruzhbA¨. Organo del Soviet de la Universidad de la Amistad de los Pueblos ¨Patricio Lumumba¨. Moscú, 1971.
PD: No se traduce por jurásico.

MIJAIL II, ZAR DE TODAS LAS RUSIAS
Hace más de un siglo, Alexis de Tocqueville predijo con pasmoso acierto que dos naciones estaban llamadas a ser dueñas del mundo: la norteamericana con el trabajo, y la rusa con la espada. Sin embargo, vista la realidad únicamente en el plano geopolítico, se observa que la URSS ha tomado delantera. Las conquistas territoriales de USA en el presente siglo dan grima: Hawai y Grenada.
Mientras tanto los rusos, desde 1.917 hasta hoy en día, se han lucido en la ampliación del imperio. Pedro, Catalina y Nicolás deben temblar de envidia en sus tumbas. La dinastía Bolchevique, con la ayuda de las bayonetas del ejército rojo, superó los modestos sueños imperiales de los Romanov. En Yalta (1.945) dieron el golpe de gracia a las intenciones hegemónicas norteamericanas mientras Roosevelt roncaba y Churchill pataleaba.
Acaba de ascender al trono del águila bicéfala el más joven de los últimos zares, de 54 años, Mijail Sergueievich Gorbachev, apoyado por los doce grandes electores del Politburó Boyardo. El nuevo monarca, según la prensa occidental, habla perfectamente el inglés, usa trajes bien cortados, ya no tiene dientes de oro, sonríe, no golpea la mesa con los zapatos, no bebe vodka como un ruso y tiene una mancha, en la frente, extrañamente parecida al mapa de Afganistán, lo cual parece haber decidido en última instancia su escogencia.
Informaciones filtradas a occidente dan cuenta de un suceso que conmocionó a los asistentes al acto de coronación en el Kremlin. Una procesión de fantasmas encabezada por el Metropolitano Macario, el general Kutuzov, Dostoievsky, Stalin, Molotov, Zhukov, y otros connotados ¨nacionalistas rusos¨, portando íconos, hoces y martillos, desfiló por la catedral de la Asunción y el Palacio de los Congresos. Recitaban con voz grave y profunda, una y otra vez, la fórmula solemne de la autocracia: ¨Mijail II, Zar de todas las Rusias por la gracia de Dios y de Lenin; Rey de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, Ucrania, Bielorusia, Bulgaria, Checoeslovaquia, Hungría, Moldavia, Besarabia y Bucovina, Prusia Oriental y Mongolia; Káiser de Alemania Oriental y Berlín Antiguo; Sultán de Armenia, Turkmenia, Georgia, el Gran Cáucaso y Afganistán; señor de los Uzbekos, los Kazajos y los Kirguisios; Gran Príncipe de Vietnam, Campuchea y Cochinchina; Negu de Etiopía, Yemen, Angola y Mozambique; Gran Duque de las islas Sajalin y Kuriles; y Caudillo Real de Cuba y Nicaragua¨. Siempre, al terminar la fórmula, prorrumpían en maldiciones a los demonios traidores de las dinastías Mao, Hoxha, Tito, Ceaucescu y Kim Il-Sung. Al cabo de media hora, la procesión de muertos se marchó. Una vez repuestos del susto, se pudo colocar la ¨shapka¨ de oro al nuevo Zar.
A continuación y por segunda vez en este siglo, la Zarina obtuvo la gracia de aparecer en público. Raisa Maximovna Gorbachova lució un deslumbrante ¨Christian Dior¨ y unos pesados aros de diamantes comprados con tarjeta ¨American Express¨ en su último viaje a París. En acto de generosidad que fue muy aplaudido, anunció que continuaría dictando sus clases de catecismo marxista–leninista en la Escuela Proletaria del Partido, que derrotaría a Nancy Reagan en la ¨guerra de la moda¨, que donaría parte de sus alhajas para seguir financiando los movimientos pacifistas de occidente, y que rezaría por la reelección de Jimmy Carter para la presidencia de Estados Unidos. Finalmente todos los asistentes, bajo la dirección de la batuta del jefe de la KGB, entonaron con emoción ¨La Internacional¨: ¨Vstavai, prokliatie vstavai …¨
Nihilio / 85.
