LOS DIOSES MACHOS

 

Hace algunos años, escribió el profesor López de Mesa: ¨Grupo racial, este santandereano, de aventajada estatura, buen color y acento agradable … su temperamento figura en los anales de la república como el más altivo, independiente, individualista, guerrero y laborioso con que cuenta el país … un vigoroso temperamento que dará a la historia futura de Colombia motivos de mucho honor, cuando su recia voluntad se torne más maleable y dúctil. Cuando la inteligencia asuma el control de las pasiones, estimule la benevolencia, rija, en fin, el precio de la vida humana, dilatado horizonte de posibilidades que no puede malgastarse a cada gesto, a cada palabra, a cada cuarto de hora de mal humor. Porque da grima que pueblo que tanto vale ante los destinos de la patria derroche su sangre cual si fuese de mezquino precio y desmedrada entidad¨.

 

Y agrega el finado ensayista antioqueño: ¨Pueblo de una autarquía inquietante, de labriegos de código civil bajo la almohada y de rifle de precisión – y cuán tremenda precisión –  tras la puerta del hogar¨.  Y es sabido que toda Colombia aprueba  estos conceptos de Luis López de Mesa. Y los santandereanos estamos absolutamente de acuerdo con él. Somos unos berracos. Paranoicos excelsos. Medio millón de papas y medio millón de reyes asfixiados por el machismo. Los genes españoles todavía nos tienen mareados. Espermatozoides europeos, más enloquecidos que de costumbre, por el choque con estos trópicos de candela.

 

Y es que la historia de Santander y de sus hombres, no es otra cosa que un amargo relato de locura y frustraciones.  Dignos hijos del coronel español Campo Elías, que en la guerra de independencia decía a un batallón patriota bajo su mando: ¨Hay que matar a todos los españoles y cuando tan solo quede yo, entonces me degollaré para acabar definitivamente con esa plaga maldita¨.

 

En Santander tenemos mucho de España y poco de América . Y España es bella pero esquizoide y vieja. Nuestro problema es un problema racial. Que tiene por cierto una solución racial. Yo he buceado estos días en busca de un santandereano mejor. Y la respuesta la tiene un pensador paisa, el más grande intuitivo de América: Fernando González. Debemos robarnos sus planes raciales. Su emoción nativa.

 

Sostiene Fernando, padre putativo del profeta Gonzalo Arango, que América debe ser la cuna de un nuevo hombre que tenga equilibrio vivencial. Lo llama el Gran Mulato Suramericano y propone la siguiente mezcla: Cincuenta por ciento de raza blanca (creatividad y acción), treinta y cinco por ciento de raza indígena (mesura y malicia). Y un quince por ciento de raza negra (dosis de impertinencia y adaptación al clima tropical). El hombre-esperanza.

 

Hasta hoy en día, el grupo santandereano ha sido representado únicamente por la comunidad blanca. Tenemos por rara fortuna, en nuestro territorio y en proporción ideal, las tres entidades raciales necesarias. El camino apropiado a seguir, sería la fundación de un Instituto para la dirección biológica y exacta del mestizaje propuesto. Pero en Santander nunca hay presupuesto para nada. Y además no gustamos del ordenamiento.

 

Por lo tanto, yo propongo un desorden sexual colectivo. Que bajen los comuneros a Barranca tras de las negras sensuales. Que suban los bogas del río Magdalena a amar a nuestras mujeres castellanas. Y a todos nos esperan las indígenas tímidas pero complacientes de Málaga. Santander puede y debe ser la cuna del nuevo Hombre Suramericano. Toda su cacareada potencialidad debe emplearla en un intento original, agradable y nuevo. Ya es tiempo de botar los revólveres, los árboles genealógicos, la ofensa, las mantillas hispanas, la envidia, las autocoronaciones y la paranoia delirante. Debemos ser jóvenes, sencillos, ligeros y cargados de frutos. Como nuestra América.

Nadargo / 71.

 

PD: En 30 años que han pasado, los santandereanos somos otros y el problema es diferente. Los neoliberales nos aconsejan ahora que nos mezclemos con los gringos.

LA FIGURA DEL LIBERTADOR

Quienes somos apasionados bolivarianos no toleramos inexactitudes alrededor de la figura histórica de Bolívar. Por ello, si bien es cierto que amamos nuestra América mestiza y mulata, no podemos dejar de expresar nuestro desconcierto por la tergiversación racial a que se somete al Libertador con frecuencia. Esta vez, en una serie televisada de origen venezolano, en la cual Bolívar da la impresión de ser hijo de  ¨cuarterón¨ (mulato y mestiza)  y de ¨loba¨ (negro e india).

 

Culpable de la anterior confusión ha sido entre otros, el eminente profesor y caracterizado santanderista Luis López de Mesa, quien a partir de una pretendida mascarilla mortuoria del Libertador, le imputó la dolicocefalia negroide. Boulton ya demostró que ésta carecía de autenticidad histórica y apoyo técnico: ¨Es algo muy distinto … es una escultura modernísima, coloreada para remate, de marcada influencia Tenerani y moldeada en forma de mascarilla en 1.930 por don Alfredo Badenes¨.

 

Circula además una descripción insolente de Bolívar, cuya autoría se adjudicó al General Páez por parte de don Santiago Martínez Delgado, sin que comprobase éste la veracidad de la misma. El rigor científico exige dar prelación a las memorias autobiográficas del  mismo General Páez: ¨Bolívar era de estatura que sin ser procesora, era no obstante, suficientemente elevada para que no la desdeñase el escultor … la tez tostada por el sol, conservaba la limpidez y el lustre¨.

 

Los retratos del Libertador de Ducoudray Holstein y de Hippisley son automáticamente descartables. Marx se basó en ellos para escribir su lamentable panfleto contra el Libertador y, hoy en día, ni siquiera los historiadores soviéticos avalan los relatos de estos dos desertores del ejército patriota. Igualmente pueden botarse a la basura las descripciones  de Rafael Sañudo y Rafael Villamizar, por haber sido escritas  con morboso sectarismo santanderista. Ellos y el español Madariaga, inventaron el cuento de la tatarabuela negra de Bolívar, que entre otras cosas, fue enterrada en el cementerio para ¨blancos¨ de la época en Caracas.

 

Si bien es cierto que D.F. O´Leary hablaba de la piel morena y áspera de Bolívar, también es cierto que a continuación anotaba: ¨Pobladas y bien formadas las cejas, la nariz larga y perfecta, los dientes blancos, uniformes y bellísimos … las patillas y bigotes rubios se los afeitó por primera vez en 1.825 … las manos y los pies que una mujer habría envidiado¨.

 

Pero para terminar tomemos a observadores neutrales. Alfonso Moyer indica que ¨la tez y la fisonomía son españoles¨. Y Hiram Paulding quien lo conoció en 1.824 en Huaras, Perú, consignó en sus recuerdos: ¨Era bien parecido, tanto de semblante como de persona. No era ni pequeño, ni alto. Sus ojos tenían una expresión que creo que no puede pintarse ni con el pincel ni con la pluma. El color de ellos era castaño oscuro¨.

 

Era pues Bolívar un héroe apuesto, como lo sueñan nuestras colegialas; y la falsa leyenda del ¨nudo negro de las Marín¨ carece de confirmación en las fuentes históricas. Advierto por último, que no creo en razas superiores, pero en cuestiones de ¨verdad histórica¨, pienso que debemos ser inflexibles.

Nihilio / 85

SimonBolivarRitaMatildePeñuelaFiguraFoto06

Bolívar. Oleo por Rita Matilde de la Peñuela. Siglo XIX.