MIJAIL II, ZAR DE TODAS LAS RUSIAS

Hace más de un siglo, Alexis de Tocqueville predijo con pasmoso acierto que dos naciones estaban llamadas a ser dueñas del mundo: la norteamericana con el trabajo, y la rusa con la espada. Sin embargo, vista la realidad únicamente en el plano geopolítico, se observa que la URSS ha tomado delantera. Las conquistas territoriales de USA en el presente siglo dan grima: Hawai y Grenada.

 

Mientras tanto los rusos, desde 1.917 hasta hoy en día, se han lucido en la ampliación del imperio. Pedro, Catalina y Nicolás deben temblar de envidia en sus tumbas. La dinastía Bolchevique, con la ayuda de las bayonetas del ejército rojo, superó los modestos sueños imperiales de los Romanov. En Yalta (1.945) dieron el golpe de gracia a las intenciones hegemónicas norteamericanas mientras Roosevelt roncaba y Churchill pataleaba.

 

Acaba de ascender al trono del águila bicéfala el más joven de los últimos zares, de 54 años, Mijail Sergueievich Gorbachev, apoyado por los doce grandes electores del Politburó Boyardo. El nuevo monarca, según la prensa occidental, habla perfectamente el inglés, usa trajes bien cortados, ya no tiene dientes de oro, sonríe, no golpea la mesa con los zapatos, no bebe vodka como un ruso y tiene una mancha, en la frente, extrañamente parecida al mapa de Afganistán, lo cual parece haber decidido en última instancia su escogencia.

 

Informaciones filtradas a occidente dan cuenta de un suceso que conmocionó a los asistentes al acto de coronación en el Kremlin. Una procesión de fantasmas encabezada por el Metropolitano Macario, el general Kutuzov, Dostoievsky, Stalin, Molotov, Zhukov, y otros connotados ¨nacionalistas rusos¨, portando íconos, hoces y martillos, desfiló por la catedral de la Asunción y el Palacio de los Congresos. Recitaban con voz grave y profunda, una y otra vez, la fórmula solemne de la autocracia: ¨Mijail II, Zar de todas las Rusias por la gracia de Dios y de Lenin; Rey de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, Ucrania, Bielorusia, Bulgaria, Checoeslovaquia, Hungría, Moldavia, Besarabia y Bucovina, Prusia Oriental y Mongolia; Káiser de Alemania Oriental y Berlín Antiguo; Sultán de Armenia, Turkmenia, Georgia, el Gran Cáucaso y Afganistán; señor de los Uzbekos, los Kazajos y los Kirguisios; Gran Príncipe de Vietnam, Campuchea y Cochinchina; Negu de Etiopía, Yemen, Angola y Mozambique; Gran Duque de las islas Sajalin y Kuriles; y Caudillo Real de Cuba y Nicaragua¨. Siempre, al terminar la fórmula, prorrumpían en maldiciones a los demonios traidores de las dinastías Mao, Hoxha, Tito, Ceaucescu y Kim Il-Sung. Al cabo de media hora, la procesión de muertos se marchó. Una vez repuestos del susto, se pudo colocar la ¨shapka¨ de oro al nuevo Zar.

 

A continuación y por segunda vez en este siglo, la Zarina obtuvo la gracia de aparecer en público. Raisa Maximovna Gorbachova lució un deslumbrante ¨Christian Dior¨ y unos pesados aros de diamantes comprados con tarjeta ¨American Express¨ en su último viaje a París. En acto de generosidad que fue muy aplaudido, anunció que continuaría dictando sus clases de catecismo marxista–leninista en la Escuela Proletaria del Partido, que derrotaría a Nancy Reagan en la       ¨guerra de la moda¨, que donaría parte de sus alhajas para seguir financiando los movimientos pacifistas de occidente, y que rezaría por la reelección de Jimmy Carter para la presidencia de Estados Unidos. Finalmente todos los asistentes, bajo la dirección de la batuta del jefe de la KGB, entonaron con emoción ¨La Internacional¨: ¨Vstavai, prokliatie vstavai …¨

 

Nihilio / 85.

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